Ficha 13 -
¿Cuál es el rol de la técnica en el desarrollo de
los pueblos?
El salmista permanece
sorprendido como el ser humano ha sido creado y conocido
personalmente por Dios. El ser humano que procura conocerse y
apreciarse a sí mismo, con sus invenciones, está siempre
bajo el oho de Dios, libre y responsable.
«Señor, tú me
sondeas y me conoces tú sabes si me siento o me levanto; de
lejos percibes lo que pienso, te das cuenta si camino o si
descanso, y todos mis pasos te son
familiares.
Antes que la palabra esté
en mi lengua, tú, Señor, la conoces plenamente; me rodeas
por detrás y por delante y tienes puesta tu mano sobre
mí; una ciencia tan admirable me sobrepasa: es tan alta que no
puedo alcanzarla.
¿A dónde iré
para estar lejos de tu espíritu? ¿A dónde huiré
de tu presencia? Si subo al cielo, allí estás tú; si
me tiendo en el Abismo, estás presente. Si tomara las alas de
la aurora y fuera a habitar en los confines del mar, también
allí me llevaría tu mano y me sostendría tu
derecha.
Si dijera: «¡Que me
cubran las tinieblas y la luz sea como la noche a mi
alrededor!», las tinieblas no serían oscuras para ti y la
noche será clara como el día. Tú creaste mis
entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre: te doy gracias
porque fui formado de manera tan admirable.
¡Qué maravillosas
son tus obras! Tú conocías hasta el fondo de mi
alma.
¡Qué difíciles
son para mí tus designios! ¡Y qué inmenso, Dios
mío, es el conjunto de ellos! Si me pongo a contarlos, son
más que la arena; y si terminara de hacerlo, aún entonces
seguiría a tu lado (Del Salmo 139)