Ficha 12 - Áreas
emergentes necesitadas de solidaridad
El principio de
solidaridad fue escuchado en la religión hebraico-cristiana:
en el AT, como atención del pobre, de la viuda, del forastero
(Dt 24), con la práctica del Jubileo (Lev 25); en el NT, Pablo
se ha servido de la imagen del cuerpo vivo del ser humano, unitario
con muchos miembros que ser sirven
recíprocamente.
«Así como el
cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos
miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo,
así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido
bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo
–judíos y griegos, esclavos y hombres libres – y
todos hemos bebido de un mismo Espíritu. El cuerpo no se
compone de un solo miembro sino de muchos. Si el pie dijera:
«Como no soy mano, no formo parte del cuerpo»,
¿acaso por eso no seguiría siendo parte de él? Y si
el oído dijera: «Ya que no soy ojo, no formo parte del
cuerpo», ¿acaso dejaría de ser parte de él? Si
todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el
oído? Y si todo fuera oído, ¿dónde estaría
el olfato? Pero Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el
cuerpo, según un plan establecido. Porque si todos fueran un
solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? De hecho,
hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede
decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los
pies: «No tengo necesidad de ustedes». Más aún,
los miembros del cuerpo que consideramos más débiles
también son necesarios, y los que consideramos menos decorosos
son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros
miembros menos dignos son tratados con mayor respeto, ya que los
otros no necesitan ser tratados de esa manera. Pero Dios dispuso el
cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan,
a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los
miembros sean mutuamente solidarios. ¿Un miembro sufre? Todos
los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido?
Todos los demás participan de su
alegría.
Ustedes son el Cuerpo de
Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo»
(1Cor 12, 12-27)
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