Ficha 9 - La necesidad
de una renovada conciencia moral se basa sobre «derechos y
deberes» por un verdadero desarrollo de los
pueblos
El
c. IV en el título “desarrollo de los pueblos,
derechos y deberes, ambiente” precisa bien un componente moral
constitutivo de un desarrollo verdadero, con la atención
actualmente emersa en modo relevante respecto del ambiente como
factor como nunca incisivo en el desarrollo de los
pueblos.
1.
Una renovada conciencia ética en el ámbito de la
economía y del desarrollo incluye la conciencia de que
“los deberes que los
derechos presuponen, y sin los cuales éstos se convierten en
algo arbitrario”.
Señala al respecto el Papa: “Se aprecia con frecuencia
una relación entre la reivindicación del derecho a lo
superfluo, e incluso a la transgresión y al vicio, en las
sociedades opulentas, y la carencia de comida, agua potable,
instrucción básica o cuidados sanitarios elementales en
ciertas regiones del mundo subdesarrollado” (n.
43).
2.
Esta equilibrada conciencia, verdaderamente ética de los
derechos y de los deberes en el campo de desarrollo debe aplicarse
a muchas cuestiones delicadas y de gran actualidad. La primera se
refiere al crecimiento demográfico, “aspecto muy
importante del verdadero desarrollo, porque afecta a los valores
irrenunciables de la vida y de la familia”. Ello incluye una
“debida atención a una procreación
responsable”, por la cual no ha de considerarse
“la sexualidad como una simple fuente de placer”, ni ha
de ser regulada “con políticas de planificación
forzada de la natalidad”. En verdad como enseña la
historia, “la
apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y
económica”.
“En esta perspectiva, los estados están llamados
a establecer políticas
que promuevan la centralidad y la integridad de la
familia…
haciéndose cargo también de sus problemas económicos
y fiscales”. (n. 44).
3.
También “la economía tiene necesidad de la
ética para su correcto funcionamiento”. Es necesario
comprenderlo. Es ética aquella que es “amiga de
la persona”, según la visión bíblica de la
persona creada “a imagen y semejanza de Dios” (Gn 1,
27) de la cual descienden dos pilastres para que el sistema
económico-financiero se diga moral: “la inviolable
dignidad de la persona humana, así como el valor trascendente
de las normas morales naturales”. (n.
46).
4.
En lo que se refiere a la gestión de las empresas
llamadas de múltiples formas (profit, non
profit, de tercer sector) dedicadas a cuidar juntas el producto
“la mejora de las condiciones de vida de las personas
concretas”. En tal horizonte se coloca también la
cooperación internacional; superando “costosos
organismos burocráticos”, cuidando una relación
transparente con las personas (n. 47).