Ficha 6 – Dios
es el garante del verdadero desarrollo del
hombre
En la parábola del
rico glotón respecto del pobre Lázaro saca a la luz como
el egocentrismo egoísta desarrolle un subdesarrollo de
humillación y de muerte, del cual él mismo al final
llegará a ser víctima.
«Había un
hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo
y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta,
cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que
ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta
los perros iban a lamer sus llagas. El pobre murió y fue
llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico
también murió y fue sepultado. En la morada de los
muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de
lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces
exclamó: "Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a
Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y
refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan". "Hijo
mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus
bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora
él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento.
Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De
manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no
pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta
aquí". El rico contestó: "Te ruego entonces, padre, que
envíes a Lázaro a la cada de mi padre, porque tengo cinco
hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también
caigan en este lugar de tormento". Abraham respondió: "Tienen
a Moisés y a los Profetas; que los escuchen". "No, padre
Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a
verlos, se arrepentirán". Pero Abraham respondió: "Si no
escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de
entre los muertos, tampoco se convencerán"» (Lc
16,19-31).
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