A. El pensamiento
Ficha 1 - Los adultos tienen el derecho y el deber de recibir la catequesis sobre la Doctrina Social de la Iglesia
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1. “La catequesis de adultos se dirige a personas que tienen el derecho y el deber de hacer madurar el germen de la fe que Dios les ha dado, tanto más cuando estas personas están llamadas a desempeñar responsabilidades sociales de diverso género y están sometidas a cambios y crisis a veces muy profundos” (n. 173).
La catequesis para los adultos se convierte en primaria y central, respecto la cual orientar la catequesis según las diferentes edades (n. 171).
2. Varios son las tareas de la catequesis de los adultos.
En particular:
2.1 Educar para juzgar con objetividad los cambios socio-culturales de nuestra sociedad a la luz de la fe. De este modo el pueblo cristiano es ayudado a discernir los valores auténticos, los riesgos de nuestra civilización, y a asumir los comportamientos adecuados.
2.2 Dar respuesta a los interrogantes religiosos y morales de hoy, es decir, aquellas cuestiones que se plantean los hombres de nuestro tiempo, como por ejemplo a propósito de la moral pública e individual, o las relacionadas con las cuestiones sociales, o las que se refieren a la educación de las nuevas generaciones.
2.3 Esclarecer las relaciones existentes entre acción temporal y acción eclesial, manifestando las mutuas distinciones, recíprocas implicaciones y, por consiguiente, la debida interacción. A este fin, la doctrina social de la Iglesia es parte integrante de la formación de los adultos” (n. 175).
Una vez más, el DGC denuncia que en la actual catequesis en desarrollo “se advierte…una escasa relevancia de su doctrina social” (DGC) (n. 30).
Es necesario recordar el sentido y el valor que se ha de atribuir a la DSI y en general a las intervenciones de la Iglesia sobre las realidades humanas como el desarrollo, la economía, la sociedad, el bien común… Tales intervenciones no han de ser consideradas en sentido técnico, ni tampoco como pensamientos devotos y moralistas. Sino afirmando – como es justo hacerlo- que a la base y en juego está siempre la persona humana, la Iglesia propone la propia visión del ser humano a la luz de la Palabra de Dios. Es como el horizonte para quien está en camino: no se puede más que proceder correctamente, y no es alcanzado jamás, tanta es la trascendencia y la concreción del misterio del amor de Dios.