A. El pensamiento
Ficha 3 - Así es como la Iglesia ha comprendido el desarrollo humano
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Nos introducimos en el primer capítulo dedicado al “mensaje de la Populorum Progressio”. En esta ocasión se considerará el cuadro general, en la ficha sucesiva una calificación significativa: el desarrollo responde a un vocación, a un deber ser, relevable en su misma naturaleza y establecida radicalmente por Dios.
1. Benedicto XVI se refiere sistemáticamente a la PP para celebrar los 40 años (1967) y sobre todo para poner a luz su contribución siempre válida. Se pueden acudir a estas verdades:
“Toda la Iglesia, en todo su ser y obrar, cuando anuncia, celebra y actúa en la caridad, tiende a promover el desarrollo integral del hombre” (n. 11).
“El auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones” (n. 11).
“En el desarrollo, humana y cristianamente entendido, el corazón del mensaje social cristiano” (n. 13).
2. El pensamiento de la PP es constante en la Iglesia
- Sus raíces proceden de fuentes remotas, de la “Tradición de la fe apostólica” (n. 10), del Evangelio de Jesús, y de la predicación de los Apóstoles y de los Padres de la Iglesia que siempre afirman la unidad entre la caridad y la verdad sobre el hombre (n. 12).
La PP está inspirada directamente por el Concilio,  en particular por la Gaudium et Spes.
Logra estar bien integrada con el magisterio de Pablo VI, en específico con la Evangelii Nuntiandi (1975), en la cual se lee que : “la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre”. Por tanto “la relación entre el anuncio de Cristo y la promoción de la persona en la sociedad. El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización, porque a Jesucristo, que nos ama, le interesa todo el hombre.” (n. 15).
3. El desarrollo es querido por Dios mismo para cada persona. No son suficientes las instituciones “porque el desarrollo humano integral es ante todo vocación” y por tanto requiere “que se asuman libre y solidariamente responsabilidades” y comporta una visión trascendente de la persona, por lo cual sin Dios no se puede realizar un desarrollo pleno, se decae en promover un “desarrollo deshumanizado” (n. 11).
En los capítulos sucesivos, Benedicto XVI pone en evidencia las novedades de hoy sobre el desarrollo